El padre y otras historias,
Ed. Sudamericana,
2002
pp. 150

 


La quarta di copertina

Un rutinario trayecto en bicicleta, la conversacioón con un amigo, el primer poema de amor parecen, enunciados, temas de redacción que sólo pueden trasmitirnos emociones comunes ya sentidas y dichas. No cuando los cuenta un narrador como Antonio Dal Masetto. Los pormenores y matices de una relación encuentran en él un intérprete sutil y lacónico, que parece apuntar los comentarios menos previsibles, los que siempre se nos escapan. Con una nostalgia que nunca amenaza bordear el sentimentalismo, con una economía que bien sabe el valor significativo del silencio, con unos pies de plomo que son la quintaesencia del pudor narrativo pero tanbién el arma secreta de su poder de sugestión, Antonio Dal Masetto evoca anécdotas, articula escenas y arma así relatos que surgen o se esconden dentro de nitidas y entrañables evocaciones.. No interpreta los hechos, pero no se resigna a que los colores puros de la memoria personal puedan extinguirse en una crónica falseada por el tiempo, la pereza o la vocación de olvido de ciertas cosas.
Quien lea El padre y otras historias encontrará en él muchos de los temas que informan la narrativa del autor de Bosque. Y encontrará también inflexiones y matices secretos, una variedad de recursos que hacen de los relatos de Antonio Dal Masetto un territorio de admirable riqueza narrativa y emocional.


La prima pagina (dal racconto "El padre")

    Cuando pienso en mi padre me vienen a la memoria los regresos a casa, al terminar nuestra jornada de trabajo. Volvíamos de noche, él en bicicleta y yo trotando. Corría a la par, a veces me atrasaba un poco y luego lo alcanzaba. La bicicleta era de mujer, el asiento estaba demasiado bajo y mi padre, un poco echado hacia atrás pedaleaba despacio por la calle de tierra. Estoy seguro de que no hablábamos. En realidad tengo la impresión de que nunca hablábamos. Si intentara recuperar algún diálogo con mi padre me resultaría imposible. Sólo frases sueltas. Esto de los regresos ocurría en Salto, el pueblo de la provincia de Buenos Aires donde fuimos a vivir cuando emigramos de Italia. Un hermano de mi padre estaba en la Argentina desde antes de la guerra y le había ofrecido una participación en su carnicería. Yo tenía doce años.

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